América latina navegando en la pandemia
Nos ha tocado vivir el evento disruptivo de impacto global más importante en cien años. La globalización permitió que el virus se difunda por el mundo en pocas semanas, pero al mismo tiempo la misma globalización y los actuales niveles de desarrollo, han permitido que la tecnología nos comunique y posibilite trabajar a buena parte de los habitantes del planeta, así como encontrar los medios confiables de detección y diagnóstico de la enfermedad y desarrollar las vacunas que hoy esperamos con ansias. Me pregunto que hubiese sido de nosotros si la pandemia hubiese ocurrido hace escasos veinte y cinco años cuando transitábamos por un mundo principalmente analógico.
El mundo ha sido impactado de diversas maneras dependiendo de la geografía, el comportamiento de la población, la capacidad de los sistemas de salud de enfrentarse a la ocupación excesiva y ahora recientemente, por la disponibilidad de las vacunas y la rapidez en su aplicación.
El impacto en América Latina
El número de casos reportados es un indicador del impacto de la pandemia, sin embargo, por sí solo, no es un indicador que lo mida comparativamente. Analizar en cambio, los decesos en exceso de lo normal nos permite agrupar en el indicador la dispersión del virus y a la vez la respuesta del sistema de salud. Si se cuenta con una tasa de decesos en exceso por número de habitantes, es posible evaluar comparativamente a los territorios que han sido más impactados dentro de la región.
El problema de los decesos (y también del número de casos) es el subregistro. Los países no contaron en los primeros meses de la pandemia con suficientes pruebas para diagnosticar todos los casos de deceso, con lo cual la mortalidad analizada dependería no solo del impacto de la enfermedad, sino de la cantidad de pruebas de detección que se hayan practicado. Para obviar esta situación, algunos analistas han calculado un indicador de mortalidad diferencial entre el número de fallecimientos totales en el periodo de pandemia comparado con los promedios históricos de mortalidad en ese territorio.
Este indicador se llama el “exceso de mortalidad”. Si bien en este indicador se incluyen las muertes por COVID 19, también están los otros decesos ocasionados como consecuencia de la pandemia, como pueden ser las víctimas generadas por la no aplicación de tratamientos médicos de enfermedades diferentes que no pudieron ser atendidas durante la emergencia, los cuales son también un impacto directo de la situación que vivimos.
En el siguiente análisis se presentan para los países de la región, los indicadores de mortalidad por cada 100.000 habitantes, que se han publicado, sea a través de un registro de fallecimientos detectados por COVID-19, como por un cálculo del exceso de mortalidad general, que como lo hemos dicho es un indicador que podría ser más completo. Los datos se ordenan de mayor a menor:

Obviamente los países más afectados se detectan por el indicador de “exceso de mortalidad”. Los demás países que no cuentan con este indicador pudieran estar en una situación peor de la que se muestra debido a los potenciales subregistros de casos.

Hemos vivido un debate mundial que ha enfrentado a dos posiciones aparentemente opuestas entre sí, por un lado, los administradores de la salud pública y privada y los gestores de riesgos que han defendido las cuarentenas, los cierres parciales y totales y las clausuras para detener los contagios y evitar los colapsos de los sistemas sanitarios. Y de otra parte algunos políticos y sobre todo los dirigentes empresariales, quines han puesto de manifiesto la contracción económica y desempleo que causan más sufrimiento a la población. Al final del día se ha visto que los países que han ignorado la pandemia han sufrido terribles consecuencias humanas que las hemos visto en los medios. Y de la misma manera, las restricciones por la pandemia han ocasionado la reducción de valor económico más grande de la historia de muchos de los países.
En el siguiente resumen, en orden alfabético se muestran los datos de la variación porcentual del Producto Interno Bruto – PIB, de los países de la región, en base a las últimas informaciones y proyecciones divulgadas principalmente por el Fondo Monetario Internacional. Se incluyen las proyecciones para este año 2021 y el siguiente, años que serían los de recuperación.

Países como Paraguay e incluso Guatemala tuvieron un menor impacto económico, y en conjunto con Chile, con su exitoso manejo de la pandemia, se recuperarían completamente en 2021. En la otra cara de la medalla, aparte de Venezuela que se prevé que seguirá cayendo, Ecuador es el país económicamente más impactado pues no llegaría a los niveles pre-pandemia sino después de 2022. Le acompañan Argentina, Honduras, El Salvador y Panamá. Este último país a pesar de que su recuperación en 2021 sería de dos dígitos, su decrecimiento en pandemia fue el más importante después de Venezuela.
En este escenario base de recuperación, el BID y el Banco Mundial estiman que el crecimiento de la región estaría en 2021 entre el 4.1% y el 4,4%, como efecto rebote del decrecimiento de 7.3% del 2020. Se maneja un escenario optimista que postula una recuperación regional del 5.2% pero también un escenario más pesimista, en el que América Latina tendría un crecimiento inferior al 1% y que incluso en 2022 la economía de la región caería nuevamente un 1.1%. En un escenario negativo extremo como este, casi sin recuperación, se afectaría de manera gravitante los niveles de actividad empresarial, empleo y se elevaría la pobreza en la región.

Seguramente no sería un momento fijo en el tiempo. Volver será un proceso de retorno paulatino hacia los aspectos de la vida social y económica anteriores a la pandemia. Ejemplos de estos aspectos son la educación presencial, las reducciones de restricciones en bares, restaurantes y centros de diversión, mayores reuniones con grupos grandes de personas, reapertura de oficinas, menos restricciones de viajes en avión y en el aspecto familiar la normalidad se reflejará en el incremento de los contactos y reuniones más allá del círculo cercano, hacia la familia ampliada y los amigos y conocidos.
Esta transición será diferente en cada localidad, país y región. Según Mckinsey, una estimación objetiva del inicio de una vuelta a la normalidad se establece de manera más objetiva calculando el momento en que un territorio especifico ha alcanzado la denominada inmunidad de rebaño o de grupo.
La evidencia del último tiempo es que las vacunas funcionan y su amplia distribución mejora con el paso de los días. De otra parte, las investigaciones continúan y nuevas vacunas se vislumbran en el horizonte. Adicionalmente se observan mejoras en los tratamientos que prometen disminuir la gravedad de la enfermedad.
Estas son buenas noticias. Con ello, hasta hace pocas semanas los analistas calculaban que, en Estados Unidos, el Reino Unido y Europa, el inicio de una transición significativa a la normalidad a través de la inmunidad de rebaño se esperaba para el segundo trimestre del 2021.
Según una opinión de la Secretaria Ejecutiva de la CEPAL del 16 de marzo pasado, en América Latina solo algunos países, 4 cuando mucho, tendrán inmunidad de rebaño a inicios de 2022. Otros más, alrededor de 7, hasta finales de 2022. Y la mayoría de los países latinoamericanos alcanzaría la inmunidad recién hasta el 2023.
Sin embargo, las nuevas mutaciones del virus preocupan. A más de ser potencialmente más contagiosas, incluso más agresivas y hasta letales, pueden reducir la eficacia de las vacunas, o posibilitar una rápida reinfección. Esto sin duda puede retrasar el final de la pandemia, y si el escenario se concreta, los plazos en Estados Unidos y el Reino Unido podrían extenderse hasta finales del 2021 e incluso entrado el 2022. Para el resto del mundo y especialmente para América Latina la ansiada transición a la normalidad tomaría en este caso, más tiempo en ocurrir.

